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¿Qué
son los trastornos del espectro autista?
El
autismo fue descrito en 1943 por el Dr. Leo Kanner -quien aplicó este
término a un grupo de niños/as ensimismados y con severos problemas de
índole social, de comportamiento y de comunicación-, sin embargo,
recién en 1980 fue considerado por primera vez como entidad nosológica
independiente, con el nombre de Autismo Infantil. Posteriormente, en
1987, se lo deja de denominar autismo infantil para nombrarlo como hoy
día se conoce:
Trastorno
Autista.
Con este cambio de nombre se trata de eliminar la idea de que el autismo
es una alteración exclusiva de la infancia y se encuadra en un nuevo
grupo de trastornos
de inicio infantil: los Trastornos Generalizados del Desarrollo. Los
Trastornos Generalizados del Desarrollo comprenden una serie de
trastornos neurobiológicamente diversos y son estados caracterizados
por déficits masivos en diferentes áreas del funcionamiento, que
conducen a un deterioro generalizado del proceso evolutivo (Hales y
Yudofsky, 2000). Se caracterizan por ser una forma de perturbación
grave, extraordinariamente incapacitante y crónica; que demanda
cuidados y atenciones prácticamente durante toda la vida. Este tipo de
trastornos (Trastorno Autista,Trastorno de Asperger, Síndrome de Rett,
Trastorno Desintegrativo y Trastorno del Desarrollo no Especificado) se
inician antes de los 3 años y afectan a varias áreas del desarrollo,
especialmente las relativas a las habilidades
para la interacción social, las habilidades comunicativas y
lingüísticas y las habilidades para el juego y el desarrollo de
actividades e intereses y se presenta con un amplio espectro
de gravedad. Los primeros síntomas suelen ser poco claros y es
frecuente que provoquen, en los padres y familiares, sentimientos de
intranquilidad y temor más que una actitud eficaz de búsqueda de ayuda
profesional. Los trastornos del espectro autista tienen un curso
continuo. En niños/as de edad escolar y en adolescentes son frecuentes
los progresos evolutivos en algunas áreas como por ejemplo, el
creciente interés por la actividad social a medida que alcanzan la edad
escolar. Algunos sujetos se deterioran conductualmente, mientras que
otros mejoran.
PRIMERA
PARTE 1.
Características generales de los trastornos del espectro autista
Es
importante distinguir el autismo del retraso mental. Hoy día existe
acuerdo en cuanto a considerar que el retraso mental o déficit
psíquico es una característica que no tiene por qué formar parte del
diagnóstico de los trastornos generalizados del desarrollo, siendo
importante que, cuando esté presente, se diagnostique por separado.
Tanto las habilidades lingüísticas como el nivel intelectual
constituyen factores que se relacionan
más significativamente con el pronóstico a largo plazo.
¿Cuáles
son las características del autismo?
El
trastorno autista, de acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico
de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR 2000), implica un inicio temprano
de alteración en la interacción social, déficits de comunicación y
un repertorio restringido de actividades e intereses. Las
manifestaciones del trastorno varían mucho en función del nivel de
desarrollo y de la edad cronológica del sujeto. Las personas con
trastorno autista pueden mostrar una amplia gama de síntomas
comportamentales, en la que se incluyen la hiperreactividad, ámbitos
atencionales muy breves, impulsividad, agresividad, conductas
autolesivas y rabietas. Puede haber respuestas extrañas a estímulos
sensoriales, por ejemplo umbrales altos al dolor, hipersensibilidad a
los sonidos o al ser tocados, reacciones exageradas a las luces y olores
y fascinación por ciertos estímulos.
Aunque
no son criterios necesarios para diagnosticar autismo, con cierta
frecuencia se observan también alteraciones en la conducta alimentaria
y en el sueño, cambios inexplicables del estado de ánimo, falta de
respuesta a peligros reales, o en el extremo opuesto, temor inmotivado a
estímulos que no son peligrosos. El
autismo en un sentido estrícto es sólo un conjunto de síntomas que se
define por la conducta. No es una “enfermedad”. Puede estar
asociado a muy diversos trastornos neurobiológicos y a niveles intelectuales
muy variados.
1
Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 4a
Edición, Texto Revisado (DSM IV – TR), 2002.
Criterios
diagnósticos del Trastorno Autista, según
el DSM-IV-TR, 20021
Para
dar un diagnóstico de autismo deben cumplirse seis o más
manifestaciones del conjunto
de trastornos
(1) de
la relación,
(2) de
la comunicación, y
(3) de
la flexibilidad
cumpliéndose
como mínimo dos elementos de (1), uno de (2) y uno de (3).
1.
Alteración Cualitativa de la interacción Social, manifestada al menos
por dos
de las siguientes características:
a)
Importante alteración del uso de múltiples comportamientos no
verbales, como son
contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos
reguladores de
la interacción social.
b)
Incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros adecuadas al
nivel de desarrollo.
c)
Ausencia de la tendencia espontánea para compartir con otras personas disfrutes,
intereses y objetivos (p. ej., no mostrar, traer o señalar objetos de interés).
d)
Falta de reciprocidad social o emocional.
2.
Alteración Cualitativa de la Comunicación, manifestada al menos por
una de
las siguientes características:
a)
Retraso o ausencia completa del desarrollo del lenguaje oral (que no se
intenta compensar
con otros medios alternativos de comunicación, como los gestos o
la mímica).
b) En
personas con habla adecuada, alteración importante en la capacidad de iniciar
o mantener una conversación con otro/a.
c)
Empleo estereotipado o repetitivo del lenguaje, o uso de un lenguaje idiosincrásico.
d)
Ausencia de juego de realista espontáneo y variado, o de juego de
imitación social
propio del nivel de desarrollo.
3.
Patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos,
repetitivos y
estereotipados, manifestados al menos por una de las siguientes características:
a)
Preocupación absorbente por uno o más patrones estereotipados y
restrictivos de
interés que resulta anormal, sea en su intensidad, sea en su objetivo.
b)
Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos, no
funcionales.
c)
Estereotipias motoras repetitivas (por ejemplo, sacudir las manos,
retorcer los dedos,
movimientos complejos de todo el cuerpo, etc.).
d)
Preocupación persistente por partes de objetos.
Antes
de los tres años, deben producirse retrasos o alteraciones en una de
estas tres áreas:
(1)
interacción social, (2) empleo comunicativo del lenguaje y (3) juego
simbólico o imaginativo.
¿Porqué
se habla de trastornos del espectro autista?
El
concepto de continuo autista o espectro autista, hace referencia a otros
trastornos que comparten
aspectos comportamentales importantes con el autismo, pero que no
cumplen completamente
los criterios del trastorno autista. Los demás trastornos se
diferencian de ese
prototipo, principalmente, en gravedad y en función del número de
áreas afectadas; pero
pueden diferenciarse, además, por otros aspectos como la edad de
aparición, la presencia
de retraso en el desarrollo cognitivo o del lenguaje, o la presencia de
alteraciones asociadas. La
idea de un "espectro autista", alude entonces a que los rasgos
autistas pueden situarse en
un conjunto de continuos que no sólo estarían alterados en el autismo
sino también en otros
cuadros que afectan al desarrollo, entre los que se pueden señalar:
Trastorno
de Asperger
Es
definido como una alteración grave y persistente de la interacción
social y del desarrollo de
patrones del comportamiento, intereses y actividades restrictivas y
repetitivas. El trastorno puede
dar lugar a un deterioro clínicamente significativo social, laboral o
de otras áreas importantes
de la actividad del individuo. Aunque Asperger (1991) describiera el
lenguaje de
estos niños como el de un adulto, lo cierto es que en los niños con
este trastorno el lenguaje
se caracteriza por la ausencia de entonación adecuada al contexto, un
volumen inapropiado
(generalmente más alto del necesario) y con un contenido no adaptado a
la situación
ni a las características e intereses del oyente.
Se
caracteriza por lo siguiente:
a)
Trastorno Cualitativo de la relación: Incapacidad
de relacionarse con iguales. Falta de
sensibilidad a las señales sociales. Alteraciones de las pautas de
relación expresiva no verbal.
Falta de reciprocidad emocional. Limitación importante en la capacidad
de adaptar las
conductas sociales a los contextos de relación. Dificultades para
comprender intenciones ajenas
y especialmente las “dobles intenciones”.
b)
Inflexibilidad mental y comportamental: Interés
absorbente y excesivo por ciertos contenidos.
Rituales. Actitudes perfeccionistas extremas que dan lugar a gran
lentitud en la
ejecución de tareas. Preocupación por “partes” de objetos,
acciones, situaciones o tareas, con
dificultad para detectar totalidades coherentes.
c)
Problemas de habla y lenguaje: Retraso
en la adquisición del lenguaje, con anomalías en
la forma de adquirirlo. Uso de lenguaje rebuscado, formalmente excesivo,
inexpresivo, con
alteraciones prosódicas y características extrañas del tono, ritmo,
modulación, etc. Dificultades
para interpretar enunciados no literales o con doble sentido. Problemas
para saber
“de que conversar” con otras personas. Dificultades para producir
emisiones relevantes a
las situaciones y los estados mentales de los interlocutores.
d)
Alteraciones de la expresión emocional y motora: Limitaciones
y anomalías en el uso
de gestos. Falta de correspondencia entre gestos expresivos y sus
referentes. Expresión corporal
desmañada. Torpeza motora en exámenes neuropsicólogicos.
e)
Capacidad normal de “inteligencia impersonal”: Frecuentemente
habilidades especiales
en áreas restringidas.
El
trastorno de Asperger se diferencia del Autismo Clásico de Kanner
principalmente por dos
aspectos:
Los
niños/as y adultos con Síndrome de Asperger, no presentan deficiencias
estructurales
de lenguaje. En algunos casos pueden tener capacidades lingüísticas formales
extraordinarias. Su lenguaje puede ser “superficialmente” muy
correcto,rebuscado, con formulaciones sintácticas muy complejas y un
vocabulario extraño: tiene
limitaciones pragmáticas, como instrumento de comunicación, y prosódicas,
en su melodía (o falta de ella) que llaman la atención.
Los
niños/as y adultos con síndrome de Asperger tienen capacidades
normales de “inteligencia impersonal”, y frecuentemente competencias
extraordinarias en campos restringidos.
Si bien pueden racionalmente entender las emociones de las otras personas,
les es difícil ser empáticos (ponerse en el lugar del otro), también
es frecuente
encontrar en ellos extraordinarias habilidades de memoria, de cálculo matemático,
como por ejemplo aprenderse de memoria todos los recorridos implementados
en el nuevo plan de transporte de Santiago.
Trastorno
de Rett
Dentro
de los trastornos generalizados del desarrollo, el trastorno de Rett, se
sitúa en el extremo
opuesto al Síndrome de Asperger. Se cree (aunque hay alguna discusión
al respecto) que
se da sólo en niñas, por implicar mutación genética en cromosoma X,
que daría lugar a
inviabilidad de los embriones varón.La característica esencial de este
trastorno, que se acompaña siempre de retraso mental severo
o profundo, es el desarrollo de múltiples déficits específicos tras
un periódo de funcionamiento
normal después del nacimiento. Se define por una evolución normal
hasta al
menos los 5 meses de edad, después de esa edad y hasta los 48 meses se
inicia una desaceleración
progresiva en el desarrollo. Se pierde el uso propositivo de las manos
que se
hubiera adquirido, se inicia una microcefalia progresiva y una pérdida
del control postural.
También
es característico de este trastorno las alteraciones graves (o ausencia
en muchos casos)
del desarrollo del lenguaje receptivo y expresivo, los movimientos
estereotipados de
las manos (se las frotan como si se las estuvieran lavando), alteración
de patrones respiratorios,
con hiper o hipo ventilación frecuentes, ausencia de relación con
objetos y pronóstico
pobre a largo plazo.
Trastorno
Desintegrativo de la Niñez
La
característica esencial de este trastorno es una marcada regresión a
partir de los dos años
(y antes de los 10) en habilidades adquiridas previamente y de modo
normal. Generalmente pierden
habilidades comunicativas y lingüísticas, sociales y de juego. Pero
también pierden
el control de esfínteres y las habilidades motrices. Antes de iniciarse
la pérdida de habilidades
el niño/a es completamente normal y después de la pérdida no se
distingue de un
niño/a con el trastorno autista. La única diferencia es la edad y
proceso de aparición de los
síntomas.
Este
trastorno recibía antiguamente el nombre de Síndrome de Heller o
Psicosis regresiva, y
coincide con el Autismo en los siguientes aspectos:
Alteraciones
cualitativas de las capacidades de relación y comunicación.
Pautas
restrictivas y estereotipadas de conducta y actividad mental.
A
diferencia del autismo, no es raro que en este trastorno también
aparezcan alteraciones parecidas
a las alucinaciones y delirios.
Trastorno
Generalizado del Desarrollo no especificado
Esta
última categoría diagnóstica que puede ser incluido bajo el concepto
de trastornos del espectro
autista, agrupa a los niños y niñas que presentan alteraciones en
habilidades sociales,
y en habilidades comunicativas, así como un repertorio limitado de
intereses, pero que
aparecen más tarde de la edad establecida como criterio (tres años) o
con una presentación
atípica o incompleta de los síntomas. Algunos profesionales llaman a
los niños/as
que presentan un trastorno generalizado del desarrollo no especificado,
niños con “autismo atípico”. Aunque, en general se recomienda no
usar este diagnóstico pues sólo sirve
para confundir tanto a especialistas como a los padres de los niños/as.
Hay
muchas alteraciones y retrasos del desarrollo que se acompañan de
síntomas o características
autistas, sin ser propiamente cuadros de autismo. En este sentido, es importante
la consideración del autismo como un continuo, que se presenta en
diferentes grados
en diferentes trastornos del desarrollo, de los cuales solo una pequeña
minoría, no más
del 10%, corresponde a las características descritas por Kanner.
Interacción
social
Alteración
en la utilización de comportamientos no verbales. El
contacto ocular puede estar
ausente o, estando presente, puede resultar molesto a las otras
personas. Su expresión facial
puede ser totalmente inexpresiva o claramente inapropiada por su
intensidad, variedad o
por su indefinición, así como la postura del cuerpo y los gestos para
regular la interacción, como
negar con la cabeza, señalar con el índice, gesticular con las manos
para apoyar los argumentos,
encoger los hombros para expresar dudas, y otros gestos expresivos como los
de saludo o despedida.
Incapacidad
para establecer relaciones sociales adecuadas con los personas de su misma
edad. Pueden
mostrar muy poco o ningún interés por compartir; o estando interesados
en
las relaciones sociales, carecen de la comprensión de las convenciones
de la
interacción social. Se vinculan con algunos adultos, no con sus pares.
Alteración
en la tendencia a compartir disfrutes, intereses y objetivos con otras personas;
No
manifiestan espontáneamente placer por la felicidad de los demás, ni
conductas como
señalar o mostrar objetos u otros estímulos que pudieran serles
interesantes. Es más evidente
en los niños más pequeños, o más afectados, manifestándose en sus
dificultades en
la atención conjunta, en la imitación y en actividades de juego
compartido con otros. Cuando
hay menor afectación, se manifiesta en la dificultad para compartir
temas de interés con
otros.
Falta
de reciprocidad socio-emocional, que
se expresa en la incapacidad para participar activamente
en juegos sociales simples, en su preferencia por las actividades
solitarias, o por
implicar a otros en actividades pero sólo como herramientas. La
conciencia de los otros está
muy afectada y pueden carecer de todo concepto relativo a las
necesidades de los demás,
o no percibir el malestar de otra persona.
Comunicación
verbal y no verbal
Retraso,
o ausencia total del desarrollo del lenguaje oral, que no se intenta
compensar con
medios alternativos de comunicación, como los gestos o la mímica.
Muestran
el balbuceo a la edad en que lo hacen normalmente todos los niños, pero
fracasan en
el desarrollo de la habilidad para utilizar palabras para referirse a
objetos o personas.
Algunos
niños pueden presentar una adquisición normal de la primeras palabras
(entre los 12
y los 18 meses) y luego perderlas progresivamente sin aprender nuevas
palabras y establecer
las rutinas comunicativas en las que participaban anteriormente. En
niños y niñas que han desarrollado lenguaje oral se da una “importante
alteración en la
capacidad para iniciar o mantener una conversación con otros que le
interese también a
otras personas. Aquellos que han adquirido un vocabulario extenso puede
que sólo lo usen
para hacer monólogos relativos a temas poco habituales o extraños y
sean incapaces de
participar en diálogos y conversaciones simples y cotidianas pero que
no se refieren a sus
temas de interés.
Utilización
estereotipada y repetitiva del lenguaje o la utilización de un lenguaje
idiosincrásico.
Uso
del pronombre personal “tú” en lugar del pronombre “yo”;
utilización de
frases como metáforas para expresar deseos o necesidades y que sólo
las entienden quienes
están muy familiarizados con su estilo comunicativo (por ejemplo decir
“no levantes la
tapa de la cazuela” para preguntar qué hay de comer); y la
repetición, con una entonación similar,
de palabras o frases oídas anteriormente (ecolalias ).
Ausencia
de juego realista espontáneo, variado, o de juego imitativo, social
propio del
nivel de desarrollo. Algunos
niños/as con autismo no llegan nunca a desarrollar habilidades
de juego propias de su nivel cognitivo, muchos nunca manifiestan
interés ni comportamientos
indicativos de capacidades de juego simbólico o de actividad
imaginativa; otros
realizan actos de juego funcional, o incluso simbólico, de forma tan
rígida y estereotipada (siempre
las mismas secuencias de juego, siempre las mismas palabras o frases
durante el
juego), que no se pueden considerar formas normales de juego.
Repertorio
restringido de actividades e intereses
Preocupación
anormal por uno o más patrones estereotipados y restringidos de
interés,
que
es anormal en su intensidad o en su objetivo. Aquellos
más capaces pueden mostrar un interés exagerado por datos que no son
relevantes debido
a su escasa aplicabilidad o a lo restringido del tema. Por ejemplo,
pueden interesarse por
datos meteorológicos de ciudades del mundo, por nombres de ríos, o de
montañas, o de cualquier
accidente geográfico, por nombres de periódicos, por fechas de
cumpleaños, etc. Este
fenómeno es diferente del proceso de pérdida del lenguaje plenamente
adquirido que tiene lugar en el trastorno
desintegrativo infantil que va acompañado de afectaciones en otras
áreas como la conducta motora y
la coordinación.Idiosincrásicos: que son distintivos y propios de un
individuo o de una colectividad. Lo
peculiar no está sólo en el simple hecho de interesarse y memorizar
esa información,sino en la forma en que se recoge, organiza y utiliza.
Adhesión
aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos no
funcionales. Por
ejemplo, pueden insistir en ordenar sus juguetes siempre de la misma
manera una y otra
vez; pueden empeñarse en comer sólo determinados alimentos y si están
condimentados de
una forma concreta. Rechazando ese alimento si le falta determinado
ingrediente; pueden empeñarse
en hacer siempre el mismo recorrido para ir o venir del colegio. A
veces, sus reacciones
a los cambios en el ambiente, en las rutinas o en su repertorio de
actividades va
seguido de reacciones catastróficas o rabietas fuertes.
Manierismos
motores estereotipados y repetitivos que
incluyen comportamientos que el
niño repite con frecuencia como el de sacudir las manos (aletear, dar
golpecitos con los dedos,
etc.) mover la cabeza, o balancearse (inclinar el cuerpo hacia delante y
atrás o hacia
los lados). También pueden mostrar anomalías posturales, como andar de
puntillas, o
adoptar posturas extravagantes. Cuanto mayor sea la afectación de la
persona, más probable
es la presencia de estos comportamientos.
Preocupación
persistente por partes de objetos. Algunos
niños/as con autismo pueden tener
un acercamiento peculiar a los objetos, oliéndolos, jugando con una
parte del juguete (por
ejemplo sólo con las ruedas del coche, o solo abriendo y cerrando la
puerta de la casita de
juguete, etc.) o atendiendo sólo a una parte del objeto (las bisagras
de la puerta, las grietas
de la pared, las gafas de la gente, etc.).
¿Cuál
es el origen o causas del Autismo?
Al día
de hoy, todavía pareciera ser que son más las cosas que se ignoran del
autismo que las
que se saben con certeza. A pesar de las numerosas investigaciones
existentes y del desarrollo
de gran cantidad de teorías explicativas, que desde diferentes enfoques
intentan aproximarse
a sus orígenes, su etiología es compleja y, en la mayoría de los
casos, se desconoce
el mecanismo patológico subyacente al trastorno autista. No obstante,
pareciera haber
consenso respecto a la existencia de un déficit en el equipamiento
neurobiológico que
afecta el funcionamiento del niño o la niña , aunque no se tiene una
respuesta precisa, ni
segura, respecto a qué conjunto de vías o centros nerviosos, se
encontrarían alterados, funcional
o estructuralmente, en dicho trastorno. “En todo caso, parece
necesario integrar la
intervención de factores orgánicos con factores del entorno relacional
y educativo, que interaccionan
constantemente como codeterminantes del desarrollo y del comportamiento”
(Lasa
Zulueta, 1998).
Se
reconoce que el autismo obedece a múltiples etiologías, que van desde
alteraciones genéticas
a trastornos metabólicos o procesos infecciosos que pueden intervenir
en diversas fases
del desarrollo prenatal, perinatal o post natal, y que afectan al
sistema nervioso.
Las
investigaciones más recientes han tratado de encontrar evidencia de
alteraciones genéticas,
congénitas, en el funcionamiento cerebral y en el funcionamiento de
procesos neuroquímicos
o inmunológicos. Una de las ideas más aceptadas por la comunidad
científica, es
que el autismo puede relacionarse con un desarrollo atípico de
distintas áreas cerebrales. Sobre
los indicios derivados de los estudios epidemiológicos, se sabe que el
autismo es más
común en varones que en mujeres; que se asocia con cierta frecuencia a
retraso mental
(cerca del 75% de los autistas tienen retraso mental); que la epilepsia
se observa casi
en el 30% de los adolescentes con autismo, especialmente en los más
afectados; que es
frecuente encontrar signos de disfunción neurológica, como anomalías
en el EEG, nistagmus
anormales, o persistencia anormal de ciertos reflejos infantiles; y que
se asocia a
síndromes de distinto tipo y origen.
¿Cuales
son los factores que es necesario tomar en consideración para
la integración escolar?
Las
necesidades educativas especiales del niño/a con autismo dependen tanto
del propio niño/a
y de sus propias dificultades, como del entorno en el que vive y de los
recursos disponibles
en el centro y en la comunidad. Por ello, su educación tiene que tener
en cuenta diversas
variables: la naturaleza del autismo y las características personales
del niño/a, además
de su estado afectivo, su nivel intelectual y su capacidad de
comunicación y de socialización;
el marco de referencia ofrecido por el desarrollo normal y por el
currículo ordinario;
el análisis de los entornos en los que vive; y las necesidades y deseos
de su familia
y del propio niño/a.
Debido
a las grandes dificultades que todos los niños/as con autismo tienen
para relacionarse, hay
que crear las condiciones más favorables que les permitan desarrollar
estrategias para fomentar
su máximo desarrollo, bienestar y participación, sin olvidar a los
otros niños y niñas.
De
manera más especifica, en el caso de los niños/as autistas de edades
preescolares los contextos
educativos de tratamiento individualizado pueden ser muy eficaces. Además,
los ambientes menos restrictivos que implican oportunidades de relación
con iguales,
han demostrado su eficacia para promover sus competencias sociales
(Koegel y Koegel,
1995).
Lo
ideal en estas edades es la integración en un centro de educación
infantil, pero con apoyo
permanente, tanto en situaciones de grupo como en condiciones de
tratamiento individualizado.
Sin embargo, algunos niños y niñas van a requerir condiciones de escolarización,
atenciones y cuidados que sólo pueden ofrecerse en un centro
específico de
educación especial.
De esta manera,
la
decisión sobre la escolarización más adecuada para cada alumno/a con trastornos
del espectro autista va a depender no sólo de sus características
individuales sino
que, principalmente, de los recursos con los que cuente el centro
escolar para asegurar una
respuesta adecuada a sus necesidades educativas, incluidas las
ocasionadas por el autismo.
“Cada
niño/a autista, según su edad, situación clínica y capacidades
intelectuales y de autonomía,
tiene diferentes posibilidades de integración. Y también cada escuela,
en función de
su situación geográfica, experiencia y medios. La integración real en
un entorno, escolar y
luego laboral, normal es el ideal, difícil de alcanzar, deseado por
todos. Alcanzarlo, exige un
progreso gradual del niño/a autista desde entornos más especializados
hacia otros más normalizados,
en la medida en que su edad, su evolución, y los medios reales
existentes, lo
permiten”.
Siguiendo
a Rivière (2001), hay que tener en cuenta una serie de factores no solo
del niño/a
sino también del centro educativo.
Factores
del centro educativo
Son
preferibles los centros escolares pequeños
en tamaño y número de alumnos,que no exijan interacciones de excesiva complejidad
social.
Factores
del niño/a
Capacidad
intelectual (en general, deben integrarse
los niños/as con Cl superior a 70.
No debe excluirse la posible integración en
la gama 55-70). Nivel
comunicativo y lingüístico (capacidades declarativas
y lenguaje expresivo como criterios
importantes para el éxito de la integración). Alteraciones
de conducta (las autoagresiones, agresiones,
o rabietas incontrolables, pueden cuestionar
la integración si no hay solución previa). Grado
de inflexibilidad cognitiva y comportamental (puede
exigir adaptaciones y ayudas
terapéuticas en los casos integrados). Nivel
de desarrollo social. Los niños/as con edad
social inferior a 8-9 meses por lo
general sólo tienen oportunidades reales
de aprendizaje en condiciones de interacción
uno a uno con adultos expertos. Son
preferibles centros estructurados, con estilos
didácticos directivos y formas de organización
que hagan "anticipable" la jornada
escolar. Es
imprescindible un compromiso real del claustro
de profesores y de los profesores concretos
que atienden al niño/a con TGD o
autismo.Es importante la existencia de recursos complementarios,
en especial de psicopedagogo y
de logopeda. Es
muy conveniente proporcionar a los compañeros
del niño autista claves para comprenderle
y apoyar sus aprendizajes y relaciones.
¿Qué
indicadores nos permiten detectar la presencia de Trastornos
del Espectro Autista?
La
importancia de la detección e intervención temprana de los niños o
niñas con alteraciones del
desarrollo, que se enmarcan dentro de un cuadro de espectro autista, es
fundamental para
alentar un pronóstico positivo de su evolución. Para que esto ocurra
es fundamental que
padres, educadores de párvulos y profesionales del área de la salud,
como pediatras y enfermeras,
estén interiorizados sobre las señales que indiquen alguna alteración
del desarrollo normal
del niño o niña y lo refieran, lo más pronto posible a profesionales
especializados en
el área.
Las
señales a las que se debe prestar atención, tienen relación con
dificultades del niño/a en
la adquisición de conductas o habilidades relacionadas con la
socialización, la comunicación y
desarrollo del lenguaje, de la flexibilidad mental, además del
desarrollo de la cognición y la
motricidad
En
el período de 18 a 36 meses
a) No
se interesa por otros niños/as
b) No
hace uso del juego SIMULADO, por ejemplo, hacer como si sirviera una
taza de
café usando una cafetera y una taza de juguete
c)
Presenta juego poco imaginativo, repetitivo o rituales de ordenar en
fila, de interesarse sólo
por un juguete concreto, etc.
d) No
utiliza el dedo índice para señalar, para indicar INTERÉS por algo.
e) No
trae objetos con la intención de MOSTRARLOS.
f) Da
la sensación de no querer compartir actividades.
g)
Tiende a no mirar a los ojos y, cuando mira, su mirada tiende a ser
corta y “de reojo”.
h) En
ocasiones parece sordo, aunque otras puede parecer especialmente
sensible a
ciertos sonidos.
i)
Presenta movimientos raros, como balanceos, poner los dedos en
posiciones extrañas,
etc.
Indicadores de
alerta de autismo en las diferentes edades Sugerencias
para la detección, derivación e
intervención temprana
De
3 a 5 años
a) Baja
respuesta a las llamadas (requerimientos verbales) de los padres o
adultos, o
a otros reclamos, aunque existen evidencias de que no hay sordera.
b)
Dificultades para establecer o mantener relaciones en las que se exija
atención o
acción conjunta.
c)
Escasa atención a lo que hacen otras personas, en general.
d)
Retraso en la aparición del lenguaje que no es sustituido por otro modo
alternativo de
comunicación.
e)
Dificultades para entender mensajes a través del habla.
f)
Inquietud más o menos acusada que se traduce en correteos o
deambulaciones “sin sentido” que dificultan centrar la atención.
g)
Pocos elementos de distracción y los que existen pueden llegar a ser
altamente repetitivos
y obsesivos.
h)
Dificultades para soportar cambios dentro de la vida cotidiana, por
ejemplo, en los
horarios o en los lugares en los que se hacen determinadas actividades,
etc.
i)
Alteraciones sensoriales reflejadas en la escasa tolerancia a
determinados sonidos, olores,
sabores, etc., y que afectan a hábitos de la vida como la
alimentación, el
vestido, etc.
j)
Escaso desarrollo del juego simbólico o del uso funcional de objetos.
k)
Alteraciones cognitivas (percepción, memoria, simbolización) que
afectan a la resolución
de problemas propios de estas edades.
l)
Problemas de comportamiento que pueden ir desde los correteos o
conductas estereotipadas
del tipo balanceos o aleteos, hasta rabietas de intensidad variable.
A
partir de los 5 años: comprobar
si los síntomas anteriormente descritos están presentes
o lo han estado. Para aquellos casos del espectro autista más “leves”
habría
que comprobar a partir de esta edad lo siguiente:
a)
Dificultades para compartir intereses o juegos con otros niños y
niñas.
b)
Tendencia a la soledad, en recreos o situaciones similares o a abandonar
rápidamente los
juegos de otros niños y niñas por falta de habilidad para la
comprensión de “su papel” dentro del juego.
c)
Juegos o actividades que, aún siendo propias de su edad, llaman la
atención, por ser
muy persistentes, incluso obsesivas.
La
detección e identificación oportuna de los niños/as con riesgo de
autismo, tiene como propósito
remitirlos tan pronto como sea posible a una evaluación diagnóstica
completa y que
pueda acceder a las intervenciones que requiere. La evidencia señala,
que una intervención temprana
intensiva en un marco educativo óptimo conduce a una mejoría en el
pronóstico de
la mayoría de los niños con autismo, incluyendo el lenguaje en un 75%
o más, y significativos
incrementos en las ratios de progreso evolutivo y rendimiento
intelectual”
INDICADORES
PARA EVALUACIÓN INMEDIATA:
Ausencia
de balbuceo a los 12 meses
Ausencia
de actividad gestual (señalar, decir adios con la mano, etc) a los 12
meses.
Ausencia
de palabras aisladas a los16 meses.
No dice
frases espontáneas de dos palabras (no simplemente ecolálicas) a los 2
años. Cualquier
pérdida de lenguaje o habilidades sociales o escolares a cualquier
edad.
¿Qué
hacer ante la sospecha de que un niño o niña pueda presentar
autismo?
Si se
tienen sospechas de que un niño o niña presenta síntomas de autismo,
es necesario analizar
la información recabada con el resto del equipo educativo y definir una
estrategia de
las acciones a seguir. Si
las sospechas son fundadas, planifique una entrevista con la familia o
adultos responsables del
niño o niña, para señalarles la inquietud y sugerir que el párvulo
sea evaluado por los profesionales
médicos que corresponda, pues será necesario que se le realice un
examen clínico,
detallado y extenso (psiquiátrico, neurológico, psicológico, de
lenguaje) para evaluar sus
características relacionales y su evolución en las diferentes líneas
de desarrollo, corporal y
psíquico.